HISTORIAS Y DIRINDAINAS / Aquellos bercianos tan arcaicos…

Muchas personas nos hemos preguntado cuándo llegaron a nuestra tierra los primeros humanos, quiénes eran, de dónde venían, qué aspecto tenían o qué lengua hablaban. Hasta hace poco, la mayor parte de esas preguntas eran de difícil respuesta; sin embargo, los avances de la ciencia cognitiva aplicada a la antropología, historia y lingüística, la genética del ADN, así como el hallazgo de nuevos datos y la reinterpretación de los ya conocidos; hacen posible tener una respuesta muy aproximada para todas esas cuestiones, de algunas de las cuales hablaremos brevemente aquí.

Los humanos, tal y como somos ahora (homo sapiens sapiens), surgimos en África hace aproximadamente 250.000 años; a partir de entonces comenzó nuestra expansión por toda la Tierra. Fuera de África el fósil humano más antiguo se ha encontrado en lo que hoy es Israel, y tiene una antigüedad de unos 185.500 años. Al mismo tiempo que estas personas iban migrando por África, durante un período muy largo, sus hablas se fueron diferenciando y dieron lugar a las grandes familias lingüísticas. Los grupos de sapiens que alcanzaron el sur de la península ibérica, hace unos 44.000 años, pertenecían a dos grupos lingüísticos y culturales principales: el indoeuropeo y el afrosemítico.

Estas pequeñas comunidades, al llegar a Europa, se encontraron con otros homínidos, los neandertales y con un clima muy frío, conocido como la glaciación de Würm o la Edad de Hielo. Neandertales y humanos convivieron durante poco tiempo (1.000 ó 2.000 años); ya que, como sabemos, el neandertal se extinguió.

Un aspecto importante para tener en cuenta es que, durante el proceso de llegada de estos grupos humanos, solo la península ibérica y las tierras colindantes con el Mediterráneo eran lugares habitables; el resto del continente o bien estaba cubierto por hielo o tenía el suelo permanentemente congelado, limitando mucho la vida. Por tanto, será a partir de estas zonas del sur europeo desde donde se colonizará el continente en un lento flujo que va del sur al norte, siguiendo el ritmo marcado por la retirada del hielo.

La glaciación tuvo su punto más frío en torno al 20.000 y se da por terminada en el 10.000 a.C. Al finalizar, el continente europeo fue paulatinamente colonizado por plantas y animales, entre ellos los seres humanos. En esta época, que se corresponde con el Paleolítico Final y el Mesolítico, las comunidades humanas eran pequeños grupos nómadas con gran movilidad.

Los estudios de ADN han demostrado que el 80% del capital genético de los europeos se remonta al Paleolítico y, además, se evidencia la gran coherencia general entre áreas lingüísticas, culturas arqueológicas y grupos genéticos; especialmente en la Europa Atlántica en la que nos incluimos. Ha quedado claro (y aquí está una de las grandes novedades de los estudios más recientes) que en el Paleolítico Superior, cuando se estabilizan los asentamientos en Europa de estas comunidades humanas, ya están definidos y diferenciados los grupos culturales y lingüísticos que identificamos en época histórica. Se conforma así un modelo, o paradigma, de continuidad en el continente europeo entre los últimos cazadores y la población indoeuropea más clásica y conocida por los textos: celtas, germanos, latinos, griegos, eslavos…

Si nos centramos en la península ibérica descubrimos que los celtas arcaicos se establecieron en el centro y mitad oeste y, a partir del Mesolítico, se extendieron por toda la fachada atlántica europea hasta alcanzar el espacio céltico histórico (después de recibir un gran influjo íbero en la zona del valle del Ebro). Al mismo tiempo, en la zona del levante se documentan grupos no indoeuropeos (afrosemíticos) que se acabarán fijando sus asentamientos en la mitad oriental y áreas del norte de la península, dando lugar a íberos y vascones.

Los arcaicos pobladores del Bierzo, en el momento de su llegada, se encontraron con nieves perpetuas en toda la corona montañosa de la hoya berciana y, también, con numerosos glaciares como el de Campo de Santiago, la Caprada, el Morredero, Cuiña y otros. Serían pequeños grupos nómadas que circulaban por las zonas libres de nieve durante el Paleolítico Superior y que, a lo largo del Mesolítico, comenzarían el proceso de domesticación trashumante de animales. Cultural y lingüísticamente serían grupos célticos arcaicos que darían lugar, por evolución y continuidad local, a los astures, sin aportes significativos de población exterior y sin invasiones hasta la llegada de los romanos. A los descendientes de todos ellos, junto con pequeños grupos de nuevas poblaciones que irán llegando, la historia los convertirá en bercianos

Tomás Rodríguez Fernández

 

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