A CIENCIA CIERTA / Los relojes de torre y la medida del tiempo. Apuntes varios

Desde hace muchos años me he ocupado mucho del estudio de los relojes de sol y de su modo de medir el paso del tiempo, pero dejando casi olvidados otro tipo de relojes como los mecánicos. Ahora por circunstancias de la vida me ha tocado fijar mi atención en los relojes de torre (como el de la Puerta del Sol de Madrid), que son un tipo peculiar de relojes mecánicos y por ello se me ocurre escribir este breve artículo. Advierto eso si que no tengo a mano todos mis apuntes y que escribiré básicamente fiándome de lo que recuerdo haber leído y estudiado al respecto. Me limitaré a esbozar una serie de ideas que se me ocurren ,un poco de improviso.

Los relojes de torre y por lo que yo conozco debieron ser los que durante el siglo XIX, “jubilaron” definitivamente a los relojes de sol. Estos fueron sin duda alguna y durante muchos siglos los que señalaron la hora de modo más correcto y preciso hasta el punto de que sirvieron para ajustar y poner en hora los relojes mecánicos. No obstante tienen también graves deficiencias, si se les compara con los modernos relojes. Una de ellas es que no se pueden llevar de un lado a otro como los modernos relojes de pulsera por ejemplo. Un labrador del siglo XVII podía saber la hora (hora solar verdadera) en el reloj de sol ubicado en la fachada de la iglesia del pueblo; pero al llegar a su finca distante varios kilómetros ya no sabría la hora más que por pura estimación.

Con el paso de los siglos el avance tecnológico y científico, propició nuevas formas de medir el paso del tiempo. La hora que usamos en la vida cotidiana, es decir la hora oficial es muy diferente a la hora solar verdadera, que es valga la redundancia, la hora natural y  verdadera  de cada localidad. Un reloj de sol de los convencionales o si se quiere de los de toda la historia, señala hora solar verdadera y los relojes de torre deben señalar hora oficial. Las diferencias entre ambas son muy complejas de explicar y varían día tras día. Para entender la relación físico-matemática entre ambos tipos de horas hay que conocer a fondo conceptos varios, como la ecuación del tiempo, el sistema internacional de husos horarios y el del adelanto/atraso de la hora oficial a lo largo del año. La ecuación del tiempo implica a su vez conocer las diferencias entre el tiempo solar verdadero y el tiempo solar medio, que varían a lo largo del año continuamente; si bien año tras año alcanzan valores prácticamente iguales a efectos prácticos en las mismas fechas. A varios siglos vista, no se que podrá ocurrir.

Los relojes de torre y en general los relojes llamados analógicos, introdujeron además una novedad respecto a los de sol que es la adopción de dos agujas. Una para señalar las horas (como los relojes de sol) y otra para los minutos. Es un detalle importantísimo. También y lógicamente han de señalar hora oficial, lo que implica señalar tiempo solar medio y además el correspondiente exactamente al del meridiano central del huso horario en el que se encuentra ubicado el reloj.

La implantación del sistema internacional de husos horarios se produjo en el siglo XIX ( a finales) ya que los avances tecnológicos (ferrocarril, teléfono,..) lo hicieron absolutamente necesario. Entre Madrid y Bembibre por ejemplo hay una diferencia de unos 12 minutos.  Esta situación durante siglos fue totalmente intrascendente. Un viaje a caballo o en diligencia de Madrid al Bierzo no permitía en absoluto apreciar este detalle. Pero cuando apareció el ferrocarril y sobre todo el teléfono la situación cambió radicalmente. Los viajes en ferrocarril y supongo que desde el siglo XIX, se efectuaban utilizando medidas de espacio (puntos kilométricos) y de velocidad lo bastante precisas para que los horarios de los viajes  fuesen imposibles de establecer si cada localidad se rigiese por su hora local, fuese solar verdadera o solar media. Así se estableció a nivel mundial un sistema (husos horarios de 15º cada uno) en virtud del cual en amplias zonas de la Tierra la hora legal (y también la oficial) sería la misma. Esta hora es la correspondiente al meridiano central de cada huso horario. En el caso de España el meridiano de Greenwich. En aplicación de esta norma ocurre por ejemplo que Barcelona tiene la , misma hora que La Coruña por ejemplo.

Los relojes mecánicos del finales del siglo XIX ya adoptaban o sincronizaban su marcha con el tiempo solar medio y además el correspondiente al meridiano central de cada huso. La superficie de España se encuentra casi toda dentro del huso 0 es decir el que tiene como meridiano central al de Greenwich y que se extiende 7,5º al Este y al Oeste del mismo. Por tanto la hora oficial en toda España (excepto Canarias) es la correspondiente al tiempo solar medio de Greenwich , añadiendo una hora exacta en horario de invierno y dos en horario de verano. Es decir el tiempo universal (TU), al que se añada una o dos horas justas en función de la época que corresponda.

En la práctica no se aplica estrictamente lo dispuesto en el sistema de husos horarios, porque todos los países del mundo suelen adoptar modificaciones para aproximar los límites de su terreno al de los husos horarios. España es un ejemplo ya que una parte de Galicia está fuera del huso 0 (longitud occidental que supera los 7,5º). No obstante parece un tanto ilógico que por ello toda Galicia tenga una hora menos que el resto de España ; algo que no obstante  hace años propuso un grupo político (nacionalista) gallego. Supongo que se pretendía así resaltar el “hecho diferencial” gallego. Los políticos como siempre aprovechan cualquier detalle para demostrar que tienen “razón”.

En los años finales del siglo XIX debió haber, por lo que conozco, una proliferación de relojes de torre, que como he señalado indicaban hora solar media y sincronizada con la del meridiano central del huso horario en el que estaban situados. Entonces no debían ser muchos los labradores que llevasen relojes mecánicos (que serían de bolsillo) y por ello aun cuando en los pueblos (torre de la iglesia o de la casa consistorial) hubiese relojes de torre faltaba un elemento esencial: transmitir la hora a distancias razonables y al instante. Esto se logró gracias a uno de los elementos esenciales de los relojes de torre, es decir de la campana que daba las horas y a una velocidad de 340 metros por segundo la transmitía. De este modo en un amplio radio en torno a cada pueblo se podría saber la hora dada por el sonido de la campana. Esta solía indicar el instante de las horas en punto y también quizá en otros casos medias horas y quizá  cuartos de hora. De este modo ciertas labores del campo, como por ejemplo el adecuado aprovechamiento de las horas de riego se pudo facilitar como nunca había ocurrido durante siglos. Los labradores durante siglos se guiaban sencillamente por la posición del Sol verdadero, para saber la hora. Era sólo una aproximación pero que era válida a casi todos los efectos prácticos. Hay expresiones documentadas tales como “al amanecer, al atardecer, al sol puesto,…”. Pero llegó un momento en que incluso las faenas del campo (riego entre otras), exigieron medir el tiempo y saber la hora exacta con mucha mayor apreciación.

Durante siglos las campanas de las iglesias fueron las que con su sonido sirvieron para la “telecomunicación” de las gentes del campo y sin duda también de las ciudades. Servían para transmitir muchos mensajes y también para saber las horas (toques de oraciones a diversas horas). Hay me parece abundante bibliografía al respecto.

Una cuestión que me gustaría conocer es el modo en el que a finales del siglo XIX (sin radio, ni televisión, ni teléfono…) se podía saber la hora exacta en un pueblo cualquiera para poner en hora el reloj de su torre. Lo cierto es que a lo largo el siglo XX, cada vez fue más habitual que los labradores y ganaderos llevasen relojes de pulsera y que se pudiesen poner en hora por las señales radiofónicas por ejemplo. Así podían saber si el reloj de torre de su pueblo señalaba la hora correctamente o no e incluso pudieron poco a poco ir prescindiendo del mismo. Los relojes de torre fueron paulatinamente olvidados. Por otra parte la aparición de los relojes digitales que señalan numéricamente la hora, el minuto y el segundo; fue un serie revés para los relojes analógicos (los de torre entre otros); que son un tanto imprecisos para indicar exactamente el segundo. A los relojes de torre que en su tiempo fueron verdaderas joyas, les empezaba a ocurrir lo que a los antiguos relojes de sol. No obstante su mecanismo debe ser supongo uno de los mejores ejemplos de lo que el ingenio humano es capaz de lograr. Cabría señalar que la naturaleza y la medida del tiempo son cuestiones que han llamado la atención de grandes pensadores de la Humanidad, entre y como es de dominio público el A. Einstein.

Para terminar y volviendo a los relojes de sol quiero apuntar un detalle. Aunque parezca imposible hoy día se pueden construir relojes de sol ( un tanto singulares eso si y no como los de antaño), que faciliten en cualquier época del año y en cualquier lugar la hora oficial y con una exactitud perfectamente aceptable a muchos efectos prácticos. Incluso señalo más. Un reloj de sol bien construido puede señalar en un momento dado la hora oficial con más exactitud que algunos de los relojes modernos, incluyendo a los teléfonos móviles posiblemente. Pero este es otro tema del que se podría hablar en otro artículo.

Rogelio Meléndez Tercero

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