HISTORIAS Y DIRINDAINAS / No pronunciarás el nombre del dios en vano – Astures. Susarros. Paemeiobriguenses (2)

Sin duda, uno de los aspectos mejor documentados de los Astures y, por ende, de los pueblos prerromanos del NW peninsular es la religión. Aun así conviene remarcar que no es lo mismo estar bien documentado que ser bien conocido. En la comarca del valle del Boeza contamos con una de las mayores colecciones de inscripciones realizadas en altares de piedra (llamados aras), dedicados a divinidades prerromanas por determinados individuos de la tribu de los Susarros (probablemente Paemeiobriguenses), habitantes de esta zona. En el museo Alto Bierzo de Bembibre se pueden ver algunas de ellas.

Un ara es una piedra labrada con forma de prisma rectangular. En su parte superior tiene un pequeño hueco donde se colocaba una vela, una lámpara, donde se vertía algún perfume, o se quemaba alguna esencia olorosa; y es que el alimento de los dioses de aquella época era el perfume, los aromas; dándoles ese manjar se esperaba lograr su favor. En la parte frontal del ara se escribe, grabada en piedra, la identificación de la divinidad; a continuación consta el nombre de la persona que le hace la ofrenda y el motivo de su devoción. Este texto grabado en el ara se denomina epígrafe y es el que nos ofrece la mayor información acerca de la religión de esta época. Las adornos en la aras son raros; sin embargo, algunas de las del museo de Bembibre están profusamente decoradas con símbolos, figuras y objetos.

Hay que tener en cuenta que el nombre propio de la divinidad, el auténtico, es un secreto que solo conocen los sacerdotes. Ese nombre genuino y mágico, al pronunciarlo, invoca a la divinidad, que puede aparecer de repente ante la persona que lo ha proferido. Si esta invocación no se hace de forma adecuada, la reacción de la divinidad puede ser impredecible. Por eso no se debe pronunciar el nombre del dios en vano; y mucho menos escribirlo ya que así se le daría a cualquiera ese gran secreto. La divinidad, por este motivo, se identifica mediante apelativos que hacen referencia a una característica notable de su divinidad, del tipo “victorioso”, “brillante” o “generosa”. También se le puede llamar, comunmente, por uno o varios nombres alternativos (pseudónimos) o por el de un animal relacionado con él (como “cuervo brillante”). Por supuesto, todas esas palabras se escribieron en el dialecto céltico local de la persona que dedicó el ara, con lo que muchas veces ignoramos (realmente) a qué divinidad se hace la ofrenda.

El dios más documentado en nuestra zona es Cossus, dios de la guerra. También aparecen, en menor medida, Navia y Reve. Con todo conviene señalar que la mayor parte de las identificaciones de las divinidades se hacen no con el pseudónimo, sino a través de apelativos refieridos a atributos de la divinidad; de manera que, al no saber qué significa esa palabra, ignoramos a qué función (de las tres posibles) pertenece esa divinidad; aunque lo más probable es que la mayor parte de ellas se refieran a Cossus.

La religión astur es muy semejante a la de los Galaicos y Lusitanos y bastante parecida a la del resto de pueblos celtas peninsulares y, en general, atlánticos. En la religión celta las diversas divinidades se agrupan en tres funciones, o en tres especialidades (con subespecialidades relacionadas): la sacerdotal, la guerrera y la productora o de fecundidad. También hay un dios que posee y domina las tres funciones: Es Lug, dios supremo, que en céltico significa a la vez cuervo y brillante. Por su parte, cada dios puede tener diferentes aspectos o subfunciones, donde el número tres, o el aspecto trinitario, está muy presente.

Cuando los Susarros entran en contacto con Roma empiezan a adoptar costumbres latinas, como las aras. La propia naturaleza de la religión de la época, junto con un antiguo origen común de los cultos célticos y romanos, hace posible que unos y otros lleguen a la conclusión de que determinada divinidad (de la que nadie sabe su nombre autentico) es la misma, solamente que los astures le llaman de una manera y los romanos de otra. Este es el caso de Cossus, que aparece identificado a veces como Cossus Marte.

El culto a estos dioses se realizaba tanto en los propios castros como fuera de ellos, en santuarios. Muchos de estos lugares de culto de los Susarros están ocupados hoy por ermitas, iglesias y santuarios; y es que durante el proceso de cristianización, siguiendo las instrucciones dadas primero por San Agustín y después por el papa San Gregorio Magno, se debían de bautizar los lugares de los santuarios paganos, aprovechando la costumbre que los lugareños tenían de acudir a ellos a orar para que, allí, adorasen al único y verdadero Dios. Siglos más tarde, durante la Contrarreforma, se volverá a aplicar la misma norma en aquellos sitios que aún mantenían restos de manifestaciones paganas. Así, muchas de nuestras fiestas, romerías, ferias y lugares de culto pueden ser mucho más antiguas que los primeros documentos en los que aparecen citadas.

Una de las aras dedicada a Cossus que se puede ver en el Museo de Bembibre es notable por su decoración, que replica o representa la que tendría un templo, con frontones, arcadas hornacinas y columnas. Está muy deteriorada pero, sin duda, fue encargada para cumplir con el compromiso que la persona oferente había adquirido con la divinidad a cambio de que esta (Cossus) le otorgase determinado favor que, efectivamente, le fue divinamente solventado (ex voto libens solvit dice en la inscripción). Si pensamos en lo que debió costar pagar esta magnífica ara, podemos considerar que, o bien el favor que Cossus le hizo al dedicante (se llamaba Flavio, hijo de Turonus) era muy grande o bien el hijo de Turonus era una persona de notables recursos económicos. Vemos que este personaje lleva un nombre romano (Flavio) y es hijo de una persona con nombre indígena (Turonus), al mismo tiempo adopta una costumbre formalmente romana pero mantiene la advocación al dios Cossus, el mismo de sus antepasados, y posee los recursos necesarios para pagar tan notable monumento. Sin duda; el gasto ha resultado rentable ya que, aún ahora mismo, se honra a Cossus y se le agradece la promesa hecha en estas líneas que estás leyendo.

Tomás Rodríguez Fernández

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