Viva el Santi manque pierda (yo)

«¡Viva er Beti manque pierda!», dicen los aficionados del «Real Betis Balompié»… y está muy bien esa deportividad de animar a tu equipo de fútbol aunque pierda.

Lo malo es cuando ese sentimiento cuasirreligioso se lleva a ciertas otras facetas, como la política.

El partido de los del eslabón perdido, el de Santi, que duplicó sus anteriores resultados electorales, no lo doy ni por perdedor. Lo de perder lo digo en el sentido de perder uno mismo.

El equipo, y el partido político, se sienten como propios.

Entonces, del mismo modo que no se contempla el desánimo por mal que juegue nuestro equipo, no se admite un cambio de pensamiento por mal que lo haga nuestro partido.

Es más: el pensamiento se amolda para adaptarlo a la involución del partido, o de cierta moda.

Hay personas a las que se oía manifestar ideas de derecha moderada, y tras haberles caído en gracia VOX ahora piensan en voz alta cosas de extrema derecha. Es decir, que han involucionado también su pensamiento.

Además, lo más curioso es que hacen así incluso aunque en realidad vayan en contra de sus propios intereses.

¿Cómo puede, por ejemplo, una mujer simpatizar con VOX? Pues las hay, y además beligerantes.

Es como una huida hacia delante.

Por algún motivo sienten el partido o las ideas como suyas, y van con ello «palante» aunque les perjudique. Sin pensar reflexivamente.

Es como un «de perdidos, al río».

Supongo que tendrá algún nombre propio en psicología este fenómeno.

Y así, sale una nueva ley para proteger a la mujer del machismo, y por supuesto no se han molestado en leer ni una línea de su contenido: pero ya están en contra, porque esa es la ideología que se supone que tienen que llevar hasta el final.

Y empiezan a escupir, sin pensar, pretendidas gracias como «A ver si me queda claro. Si una noche me encuentro a una chica sola y borracha en la calle, debo pasar de largo y no ayudarla a llegar a casa ¿Es así?».

Las redes están llenas de estupideces de esas, dichas también por mujeres.

Ocurre algo por el estilo cada vez que una mujer es asesinada por su pareja o expareja, y ya vamos por quince: Las redes sociales se llenan de mensajes para recordar alguno de esos casos que se dan, cual meteorito, en que es un hombre el que es asesinado por su pareja.

Y ahí están los de VOX, que dicen querer también igualdad, solo que ellos la entienden a su manera. Dicen que igualdad es que la ley proteja igual a los hombres que a las mujeres. No les da por interpretar la igualdad en el sentido de que va siendo hora de que una mujer, efectivamente, pueda llegar a casa borracha o como le dé la gana, sin sentir miedo o en general sin tener, a mayores de las preocupaciones de cualquier hombre, todas las relacionadas con la violencia sexual.

Se olvidan de que las leyes son reglas que se ponen para lo que haga falta, y que hay leyes específicas para ciertos colectivos porque son ciertos colectivos los que hay que proteger específicamente de ciertas cosas.

Me pregunto si se preguntarán, valga la cacofonía, en sus mentes medievales, porqué hay leyes para la minería si ellos se dedican a otra cosa. Me pregunto si pensarán en que hay circunstancias que se le dan al minero que no se le dan al panadero, y al revés, pero ambos tienen que estar protegidos.

¿Dejamos también, si eso, sin legislar de forma específica la pedofilia? Al fin y al cabo los niños son personas, como todo el mundo.

Si hay problemas que le ocurren predominantemente a las mujeres por su condición de género ¿Por qué no se va a legislar de forma especial para ellas?

Los argumentos antifeministas, por llamarlos de alguna manera, van a la excepción, pero son suficientes para agarrarse a ellos quienes jalean el «Viva el Santi manque pierda yo mism@»:

Si han muerto 554 mujeres a manos de sus parejas o exparejas de 2008 a 2016, el argumento es que también ha muerto algún hombre a manos de una mujer.

(-También hay niños que han matado a adultos, quitemos las leyes antipedofilia-)

Si de 2009 a 2017 ha habido 96 denuncias falsas (131 si se añaden casos no aclarados), frente a la dramática cifra de más de un millón demostradas ciertas (a las que habría que añadir ¿Cuántas? inexistentes denuncias de mujeres que ni se atreven a pedir ayuda porque viven en un infierno total), pues eso: -es que hay denuncias falsas-.

Es sencillamente asqueroso.

Todas las leyes dan lugar a que haya quien quiera darles la vuelta, pero también hay leyes para quien hace trampas.

La ley nos ampara para cobrar baja si nos ponemos enfermos; pero claro, hay quien finge estar enfermo ¿Quitamos la ley que nos protege en el trabajo?

Es ridículo. Lo es cada argumento en contra de avanzar en igualar los derechos de las mujeres con los de los hombres. Pero los neandertales del sillón del patriarcado se han pedido incluso el argumento de que -es que estas leyes crean confrontación donde no la hubo-. Pues miren, igual sí, pero es que el que haya confrontación es una prueba más de que hay un problema.

PD: En el anterior artículo de opinión que escribí, «El reinovirus», hablé un poco a la ligera sobre el coronavirus.

Algo bueno ha tenido ya, y es la prohibición en China del comercio con fauna salvaje, pero en cuanto a las consecuencias humanas, hay algo que no cuadra: Si es cierto lo que nos dicen de que esta enfermedad tiene una tasa de contagio y mortalidad semejantes a la gripe común ¿A qué viene tanto revuelo? ¿Están los medios de comunicación generando histeria irresponsablemente, y las autoridades tomando medidas solo por presión, como para que parezca que se hace algo?

¡Si es que el coronavirus ya lo tenemos entre nosotros! Al menos un muerto, descubierto a posteriori, de antes de que se conociera el primer caso en España. ¿Se cierra Mestalla pero no las Fallas? ¿Se pone en cuarentena a los huéspedes de un hotel pero no a los trabajadores de éste?

Algunas de las  medidas que se toman, con tremendas consecuencias económicas ¿No generarán también muerte y sufrimiento?

¿Son las medidas que se van tomando un ensayo (fallido) por si algún día surgiera una pandemia realmente mortífera?

Lo dicho: a ver si llegan las elecciones autonómicas y dejan de darnos la paliza con el coronavirus.

Tomás Vega Moralejo

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