El ecologismo tiene que cambiar de nombre

1. Líquido blanco que segregan las mamas de las hembras de los mamíferos para alimento de sus crías.
2. Leche de algunos animales que se emplea como alimento de las personas.
3. Jugo blanco obtenido de algunas plantas, frutos o semillas.
4. Cosmético de consistencia espesa, generalmente de color blanco.

Eso dice nuestra querida Real Academia de la Lengua Española que quiere decir la palabra Leche, pero el lobby (grupo de presión, según esa misma RAE) de la primera de las acepciones está nervioso y ya se sabe que donde manda el dinero no manda marinero, así que hace un tiempo que habréis visto «Bebida de soja» pero no «Leche de soja», porque dice la Unión Europea que ese término se lo pidieron primer los ganaderos.

Ahora andan detrás de pasar de nuevo del significado de las palabras y que no se pueda llamar salchicha o hamburguesa a productos vegetarianos o veganos.
Es que los carniceros también andan nerviosos y también pueden mucho, y estos además tienen cuchillo.

Van a dar igual esas chorradas de nombres, y hasta tienen su gracia porque ya parecen movimientos desesperados a pesar de que aún casi todo el mundo se ríe de las recomendaciones de la mismísima ONU de que una dieta vegana podría salvar el mundo… del hambre y de la propia sobreexplotación que nos está conduciendo a la debacle.
Bueno, y qué decir del anuncio de la OMS de que la carne roja y la procesada son cancerígenas ¡Los festivales de carne que se prepararon para burlarse del anuncio! Había gente que hacía quedadas por Facebook para celebrar una botillada, alardeando de ese gesto cuyo equivalente podría ser el anuncio de que hay que tener cuidado con el fuego y hacer quedadas para sacar brasas de una hoguera -¡Pa macho yo!-.

Pero la moda de la alimentación vegetal ha llegado para quedarse. Recuerdo, cuando empecé con mi eticarianismo, que al principio casi no sabía ni qué comer y que me lo tuve que currar para cambiar por completo mi recetario de cocina.
En solo cuatro años se ha multiplicado exponencialmente la oferta de productos vegetales (Ver, por ejemplo: eticarianismo.com.es > Productos-Ejemplo) y ya hay hamburguesas, salchichas (como suena), etc tan ricas como las de animales muertos y hasta mejores nutricionalmente (¿Sabéis que lo de que las proteínas animales son las buenas y las vegetales no valen es un cuento? ¿Sabéis que los veganos, incluso atletas, viven tanto como los demás humanos? Ná, dejadlo que no convienen estas informaciones no vayamos a perder argumentos para seguir matando animales a degüello).

En fin, que igual es despiste mío pero no he visto meterse con el uso de «artesano» y «casero» para vender mejor todo tipo de productos igualmente industriales como magdalenas con más números que palabras entre sus ingredientes… y ahí sí que la RAE no deja lugar para que nos la peguen así, pero claro con esa disyuntiva no golpean nuestra conciencia.

Y digo yo, que podíamos los ecologistas ir buscando otra palabra para definirnos porque ésta está ya tan sobada y maltratada que ha perdido el significado. De hecho ahora son los cazadores quienes se autodenominan los auténticos ecologistas.
-¡Pero cómo van a ser los cazadores los amantes de la naturaleza si se lían a tiros con ella!- grita alguien.
-Sí, amigos y amigas, recordad que amores reñidos son los más queridos- responde otro alguien.
Esos que tienen que repoblar perdices o conejos para seguir matando, o que tras matar 13 jabalíes un finde y 9 al siguiente, luego se quejan de que hay pocos porque dicen que dijeron que hay lobos.

Lo que pasa es que igual nos prohíben también dejar de usar el término ecologismo, porque ¡Anda que no mola meterse con los ecologistas, eh!
Somos el chivo expiatorio para la mitad de los males, y si algo no gusta se le puede colgar la etiqueta de ecologista con tal de meterse con ello, aunque no tenga que ver.
Si un policía o un médico sale rana, es un caso aislado (y lo es), pero si un ecologista se pasa de vueltas (cosa que también pasa, por supuesto), es excelente argumento para meterse con todo el movimiento… ese gracias a cual aún tenemos la mierda por debajo de la barbilla y no nos hemos ahogado ya en ella por nuestro desenfreno contaminador y exterminador.

Bueno, os dejo que me llama el delicioso olor de un guiso 100% vegetal.
(Oigo la típica gracia de -Vete a comer césped-, que es tan ridículo como decirle a un carnívoro -Vete a comer pelo-)

PD
Dejando la ironía ya, la comida vegetal rica y nutritiva existe: solo se trata de saberla cocinar.

Tomás Vega Moralejo

 

 

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