Tiempo de Dirindainas: Cuentos para ser oídos

Una tradición verdadera no es el testimonio de un pasado caduco; es una fuerza viva que anima e informa el presente. Lejos de implicar la repetición de lo que fue, la tradición supone la realidad de lo que perdura. Es como un bien de familia, un patrimonio que se recibe a condición de hacerlo fructificar antes de transmitirlo a los descendientes (Igor Stravinsky, Poética musical, París 1952).

Rosario Merayo Fernández

El patrimonio cultural tradicional (inmaterial) vive en las personas, por eso se llama portadores a quienes aprendieron esos saberes de sus antepasados, porque lo llevan en ellos. En mi primera infancia, en los años 60 y 70 del siglo pasado, tuve la suerte de disfrutar del gran saber tradicional de mi abuela materna. Ahora sé que ella fue una portadora excepcional, era lo que la UNESCO llama “Tesoros Humanos Vivos”. Su influencia en mi persona es muy fuerte, es la causa de que mis intereses vitales sean la antropología, la arqueología, la lingüística o la música. Yo estaba fascinado por aquellas cosas de mi abuela, hasta el punto de que es lo que he estudiado y a lo que me dedico.

Rosario Merayo Fernández nació el 8 de marzo del año 1908 y murió, demasiado joven, el 4 de agosto de 1983. Su vida discurrió en Folgoso de la Ribera, aunque en su juventud emigró a Cuba y a Barcelona. De su ingente saber tradicional (música, baile, cuentos, dichos e historias, adivinanzas o adivanzas ….) yo solo puedo trasmitir una muy pequeña parte. Voy a escribir aquí unos pocos cuentos que aprendí de ella cuando yo era un niño. Mi intención es que la cadena de transmisión de nuestra tradición siga, que los aprendáis, que los contéis y que seamos nosotros en este mundo, a pesar de que cada vez esté más diluido.

La esencia del cuento es que se cuenta, la oralidad y la oratoria son fundamentales en él. Al escribirlo, deja en gran medida de ser un cuento y pasa a ser un escrito; pasa de dinámico y vivo a estático e inmutable. Por eso ha sido difícil hacer esa “traducción” de lo hablado a lo impreso. He escrito lo que me contó mi abuela; pero afortunadamente mi pluma ha sido corregida y mejorada por Elba Casado; a quien le doy las gracias por ello, en nombre de todos.

Es muy importante saber que el cuento tradicional no tiene autor. No es de nadie, es de todos. El narrador (portador) lo ha recibido de la tradición y lo entrega al auditorio, que lo oye y (tal vez) lo aprenda para volver a contarlo. En este proceso el narrador debe darle vida al cuento e insertarlo en el contexto vital del auditorio, de quienes lo escuchan. Por eso, en los textos que he escrito, hay referencias a lugares que todos conocemos; sin embargo, esas menciones solo tienen la función de hacer que quien lo oye establezca una relación de familiaridad con lo narrado. Si este cuento se cuenta en otro lugar, o a otras personas, esos lugares podrán (deberían) ser mudados por otros identificables por quien lo escuche. La forma tradicional de contar un cuento no tiene nada que ver con los cuentacuentos que vemos en la actualidad; la tradicional (casi) carece de teatralidad y de histrionismo, pero es rica en oratoria y contexto.

El primer cuento de la serie será “Ronfís y las Montañas de Canaán”. Me ha parecido oportuno pedirle a Carmen Rey que ilustre este cuento. Como veréis ha realizado unas ilustraciones preciosas que, además, contribuyen a darle contexto local, necesario en los cuentos tradicionales. He dividido el texto en tres capítulos porque es algo largo. Además, eso de continuar el cuento mañana (porque hay que ir a dormir) es algo que la tradición permite.

Hasta donde yo sé, “Ronfís y las Montañas de Canaán” no se ha publicado antes en la formulación que hacía mi abuela; sin embargo, yo mismo he documentado algunas partes de él en zonas de Galicia limítrofes con El Bierzo, allá por los años 90 del pasado siglo. Conviene decir que en todo el NW Ibérico (e incluso más allá) existe una gran homogeneidad en los cuentos. Los cuentos constan de porciones (irreductibles) que tienen consistencia propia. Esas partes, que técnicamente se llaman mitemas, son como pequeñas cuerdas de colores que se atan o se desatan entre sí para formar tapices, se conectan para componer narraciones de complejidad variable. De este modo se crean variaciones e innovaciones en el cuento que son fruto del (re)ensamblado de esos mitemas. Esto explica por qué nunca existe la versión completa o genuina de un cuento. Casi cualquier versión podrá funcionar, con más o menos mitemas; además, esos mismos mitemas podrán provenir o ser introducidos en diferentes cuentos, o ser intercambiados por otros distintos. La maestría del narrador hará que, a pesar de que se intercambien o se reensamblen partes, el cuento no pierda su significado ni su carácter.

Espero que disfrutéis de estos cuentos tradicionales tanto como yo lo hacía, y lo sigo haciendo.

Tomás Rodríguez Fernández

“Ronfis y las Montañas de Canaan” será publicado en Bembibre Digital, dividido en tres entregas, desde el lunes 14 de marzo al miércoles 16 de marzo

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