Isabel II subió al trono o, como diría un erudito, ascendió al trono, a los trece años, debido a los problemas que tenía el general Espartero que era el regente, para gobernar el país.
A Isabel, como a alguna otra reina, le gustaban muchísimo los hombres y fue desflorada -eso dicen- por Salustiano Olozabal y, entre sus amantes encontramos al coronel Gándara, a Manuel Lorenzo de Acuña, a José María Arana -del que alguien dijo que era el padre de Alfonso XII- , a Enrique Puig Moltó, a Miguel Tenorio, a Tirso Obregón, a José de Murga o al general Serrano y, sin embargo, obligada, casó con su primo Francisco de Asís de quien dijo, a una amiga: “¿ Qué voy a decir de un hombre que, en la noche de bodas, llevaba en su camisa más bordados que yo en mi camisón?”.
Parece ser que Francisco no pudo consumar el matrimonio, tanto es así que se cuenta que Isabel, en cierta ocasión, le dijo a su hijo: “Alfonsito, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía”.
A Francisco, el pueblo le llamaba Paco “Natillas” y, a su costa, se hicieron coplas que corrían por Madrid, de boca en boca, como: “Paco “Natillas” es de pasta flora y se mea en cuclillas como una señora” o “Isabelona, frescachona y doña Paquita tan mariquita” o “Gran problema es en la Corte averiguar si el consorte cuando acude al excusado mea de pie o mea sentado”.
Cuando en mil ochocientos sesenta O’Donell fue a despedirse de la Reina, antes de ir a la guerra, ella le dijo, cariñosamente: “Si yo fuera hombre, me iría contigo” y Francisco añadió: ”Lo mismo digo O’ Donell. Lo mismo digo”.
Alguien escribió en la biografía de la Reina “Por haber estado exclusivamente en manos de los camaristas, Isabel ignoraba las reglas del buen comer. Su comportamiento en la mesa era deplorable y todas esas características, de algún modo, la acompañaron durante su vida”.
Isabel era muy aficionada a los callos y Muro en EL PRACTICON dice que este guiso era habitual en Palacio.
La receta dice así. “Después de muy limpios se pondrán a cocer en una olla con agua y sal, un pedazo de tocino y una cabeza de ajo, asada -o dos, dependiendo de la cantidad- aunque también se le puede echar jamón, chorizo, longaniza, morcilla y otras cosas de esta clase. Cuando esté todo cocido, se saca el tocino, se machaca y se deslíe con pimentón, azafrán, perejil, ajo y pan mojado y en pequeña cantidad, clavo, cilantro, alcaravea, cominos y, a quien le guste, canela, piñones o avellanas, siendo necesario que sepa a todo y no sobresalga ningún sabor y de este modo , se hará cocer un poco y se servirá”.
Ángel Muro terminaba así: “He reproducido esta fórmula para que el lector vea lo fácil que es escribir una receta desatinada y lo difícil que es ponerla en práctica”.
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