La luz del progreso

John Wesley, clérigo anglicano y teólogo cristiano británico, nacido en Lincolnshire, Inglaterra, en 1703, dejó dicha una de esas frases emblemáticas que transciende a su autor. Dijo Wesley: “La electricidad es el alma del universo”. Es posible que semejante afirmación, pronunciada en la época en la que le tocó vivir al clérigo, sonara transcendental a sus correligionarios. Hoy nos parecería un tanto pretenciosa. Lo cierto es que esta no pasó desapercibida para las generaciones posteriores al británico, y se convirtió en una de las máximas de oro que perdura entre los profesores y estudiantes de Ingeniería Eléctrica del Reino Unido. A buen seguro que Federico Jaime Robinson Bradley la tuvo muy presente durante sus estudios de graduación en esa carrera. Robinson había nacido, como John Wesley, en Inglaterra, en 1865, y tras graduarse como ingeniero en electricidad viajó a Madrid formando parte de una empresa que vino a trabajar a España. Posteriormente y como Ingeniero Jefe de la “C.F.C. Jardín Botánico”, de Río de Janeiro, viaja a Brasil, después a México y, por último, a París. Durante su estancia en Hispanoamérica conoció al bembibrense Ramiro Gago Rodríguez, con el que mantendría una estrecha relación. En 1909, Robinson, Gago y el también bembibrense Natividad Rodríguez Álvarez, se asociaron para presentarse, conjuntamente, a la licitación del alumbrado público para Bembibre, resultando ser los adjudicatarios del proyecto. En 1910, el ingeniero Robinson, llega a Bembibre para ponerse al frente del proyecto. El 28 de enero de 1911 tuvo lugar la inauguración y puesta en funcionamiento del alumbrado eléctrico en la capital del Bierzo Alto, a cargo de la Fábrica de la Luz Eléctrica “Gago”, con sede en Viloria. Atrás quedaban las luminarias de petróleo que hasta entonces alumbraban las noches de Bembibre. Destacar el alcance que para Bembibre y toda la cuenca del Boeza tuvo la instauración de la luz eléctrica sería algo obvio, por sabido, pero tan notable fue, como desconocido, el papel desempeñado por el ingeniero Robinson en la consecución de tal fin. Él fue el encargado de estudiar, diseñar, proyectar y desarrollar el sistema de generación, transmisión, distribución, conversión y utilización de la energía eléctrica que llegó a las calles y casas de Bembibre. Tal vez sin pretenderlo, Robinson, se convirtió por ello en uno de los personajes más insignes de Bembibre, pero también en uno de los más desconocidos. Fue el encargado de traer la luz al progreso de la villa. La suya se apagó para siempre en su casa bembibrense en 1937. Es de justicia recordarlo y ensalzarlo.

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Mario

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