Sujetando el terreno, con números

Es sorprendente comprobar como a nivel del ciudadano de a pie; se siguen haciendo estimaciones “ a ojo”, con la mayor naturalidad. La fuerte helada de hace escasos días, es un buen ejemplo. Todo el mundo habla de la gran helada que, “nuca se ha visto otra igual”. Yo entiendo que para evaluar la magnitud de esta helada hay que hablar de números concretos. Número de hectáreas afectadas, número de cultivos dañados, cuantía de pérdidas en miles de euros, etc, etc.,….. Solo después de hacer una cálculo lo mas exacto posible o al menos aceptable dentro de ciertos márgenes; procede calificar este fenómeno meteorológico. Y en su caso compararla con otra anterior Si no se actúa así, lo que estaremos haciendo es simplemente hablar por hablar.

Esta filosofía o este modo de proceder, hay que aplicarla al análisis de muchos otros fenómenos y situaciones de la vida cotidiana; como por ejemplo el estudio de terrenos, que son susceptibles de deslizarse y cortar una carretera, un línea de ferrocarril o sepultar viviendas. En las zonas montañosas, como El Bierzo e incluso en otras mas llanas podemos observar cotidianamente esos taludes de las carreteras y otras vías de comunicación que tanto nos impresionan a veces. La importancia de las vías de comunicación en nuestro tiempo es indiscutible. Si una autovía por ejemplo queda cortada por un deslizamiento del terreno las consecuencias son de enorme importancia y por ello es esencial que se diseñen y se excaven taludes que sean lo más estables posible.

En principio es evidente que cuanto menor sea la pendiente de un talud; mejor de cara a su estabilidad; pero al construir una carretera es preciso fijar de antemano datos varios como la pendiente y determinarla numéricamente. No podemos decir que lo que hay que hacer taludes con poca pendiente y punto. Hay que asignar un valor concreto y teniendo en cuenta evidentemente el coste. Si un talud es estable con 35º por ejemplo sería absurdo hacerlo de sólo 30º por ejemplo. La pregunta es como determinar por ejemplo ese ángulo. Este es uno de los problemas típicos a los que enfrentan día tras día los ingenieros y otros técnicos (geólogos por ejemplo).

Puesto que el número de casos con los que nos podemos encontrar es infinito no puedo en un artículo como este explicarlos; pero si puedo intentar explicar la filosofía o el método de trabajo. Los problemas de estabilidad de taludes se reducen en esencia a resolver problemas de índole físico-matemática que afectan a diversos tipos de terrenos. Por tanto lo primero que hemos de hacer es definir el caso pero siempre de modo numérico. No se puede hablar por ejemplo de un terreno resistente, un terreno firme o de un terreno pesado sin mas. Como tampoco se puede hablar de un talud muy alto o muy “empinado”. Hay que definirlo mediante un conjunto de números más o menos extenso. Este conjunto de números nunca reflejará exactamente la realidad; pero a menudo basta con una aproximación. Este grado de aproximación también hay que definirlo matemáticamente.

Uno de los casos más simples podría ser el de un talud con una pendiente concreta en el que tengamos un terreno de peso bien conocido que pueda deslizar a favor de esa pendiente y en el que se conozca el coeficiente de rozamiento (número) de esa superficie de posible deslizamiento. Se trataría de resolver un problema de física de secundaria. Sin embargo a menudo hay numerosos factores que hay que tener en cuenta y (aquí está el problema);no todos bien conocidos. En nuestro caso por ejemplo una época de lluvias fuera de lo habitual podría dar lugar por un lado al incremento del peso de la masa que puede deslizar y por otro a un cambio en el coeficiente de rozamiento. Así pues nos enfrentamos siempre con la cuestión de que los datos de partida del problema pueden variar de modo imprevisto y entonces los cálculos resultar equivocados.

Otras veces ocurre que hay algún factor que al analizar el terreno pasa inadvertido; como por ejemplo un plano de rotura oculto por la vegetación. También puede ocurrir que debido a un deficiente conocimiento del terreno, los datos que se introducen al plantear el problema de matemáticas sean equivocados por no ajustarse a la realidad.

Hay muchos libros que tratan este asunto. Yo he manejado algunas veces uno publicado por el Instituto Geológico y Minero de España en el año 1988. Si se analiza con calma este libro se observa que básicamente de lo que se trata es de definir matemáticamente una serie de situaciones que son las más habituales en la naturaleza y hecho esto realizar una serie de cálculos. En todo talud hay una serie de fuerzas (peso del terreno por ejemplo) que tienden a que se produzca un deslizamiento, son las llamadas fuerzas desestabilizadoras y otras que tienden a evitarlo (la cohesión del terreno por ejemplo), que son las fuerzas estabilizadoras. Lo que el técnico de turno debe hacer es medir las características de esas fuerzas y ver como van a actuar; a fin de determinar cuales son mayores o cuales en un momento dado (fuertes lluvias, un terremoto) pueden serlo.

La naturaleza es muy compleja pero con paciencia todas y cada una de sus características se pueden reducir o expresar mediante números. Después hay que calcular. Es la misma filosofía que aplicamos a casos más sencillos como la determinación del volumen de un depósito de agua o la superficie de una finca. ¿Cual es en mi opinión el problema más complicado?. Pues como he dicho, simplemente obtener un conjunto de números que definan de modo aceptable las características del terreno que se está estudiando. Es lo que hace muchos años decía uno de mis profesores de física. El verdadero problema del problema es conocer los datos de partida.

Lógicamente el tema de la estabilidad de los taludes, no se aplica sólo para las carreteras. A veces se produce un deslizamiento de terrenos que afecta a edificaciones como vemos , con frecuencia en los medios de difusión. El dibujo que adjunto lo hice yo hace años para estudiar un caso que tiene directa relación con una ermita que corre riesgo evidente de derrumbarse. Como yo no tengo datos numéricos concretos sobre el tema, no me puedo pronunciar. Mejor dicho tengo algunos; pero no los suficientes. Hay personas que simplemente dicen algo así como que “eso no se cae ni a la de tres”.

En mi opinión esto es sólo hablar sin fundamento. El único camino para determinar las posibilidades de que el derrumbe ( posible); se produzca es realizar un estudio geotécnico, lo más riguroso posible. Mientras esto no se haga todo lo que se diga al respecto es lo que se llama popularmente “un brindis al sol”.

Rogelio Meléndez Tercero

 

 

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