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Desde la Antártida a Bembibre

Una sencilla flecha con la estampa ecuestre del Señor de Bembibre, y la distancia en línea recta, 12.523 kms, une desde hoy la Villa de Bembibre, capital del Bierzo Alto, con la Isla Rey Jorge, la mayor del archipiélago de las Shetland del Sur, puerta de la Antártida.

El pasado mes de noviembre, la víspera de zarpar desde el puerto de Vigo como cronista de la Expedición Científica de España a la Antártida, recibí un precioso encargo del Alcalde de Bembibre, Manuel Otero. Traía bajo el brazo una placa metálica, de la que se había encargado el concejal de Obras, Federico Martínez: “Está curiosina”, y es cierto que la placa venía con sus tornillos para madera o metal, vaya usted a saber dónde toca fijarla, cuidadosamente envuelta, con el sabor de las cosas hechas con cariño.

“Déjala allí en nombre de Bembibre y de todos los bembibrenses -me encomendó el Alcalde-; como un saludo universal desde El Bierzo a la Antártida, a sus exploradores y científicos; y también como un mensaje de apoyo a vuestro valioso trabajo de investigación. Desde Bembibre, modestamente, nos sentimos partícipes de esta Aventura de la Ciencia”.

Me entregó también un ejemplar de la novela El Señor de Bembibre, de Enrique Gil y Carrasco, y me despidió con un abrazo: “Que tengas buen viaje y feliz regreso”.

Acepté el encargo como el más alto honor, como hijo y nieto de bembibrenses, con parientes en San Román, Rodanillo, Noceda, Viñales…, con el orgullo de este viaje dedicado a mi padre, Tomás González Cubero, que acaba de cumplir 91 venturosos años; y con tantos recuerdos felices de mi infancia en casa de los abuelos Samuel y Teresa.

El cartel, orientado al Nordeste, expresa la distancia desde Bembibre (lat. 42º.64 N, Lon. 6º 43 O) hasta Isla Rey Jorge (62º 02 S, 58º, 21 O): 6.762,6 millas náuticas marinas, es decir, 12.523,86 kms.

En cuanto desembarqué en Isla Rey Jorge, me dirigí al Comandante de la Base Aérea Antártica Frei, comandante Sergio Cubillos Alvarado, y le expuse mi encargo. Me citó al día siguiente en el tótem de la base chilena, al que me acompañaron el capitán del buque Sarmiento de Gamboa, nuestro paisano Pablo Fernández, natural de Argovejo; y el jefe de expedición, el vigués Luis Ansorena.
La mañana era verdaderamente polar, con una intensa niebla y mucho viento, pero un suboficial tenía ya el montaje preparado y, como la placa venía “curiosina”, bastó con apretar un par de tornillos y dejar allí fijada la estampa ecuestre de don Álvaro Yáñez. Obsequié al comandante Cubillos, como recuerdo, la novela de Enrique Gil, y nos despedimos con un abrazo emocionado. Espero que El Señor de Bembibre, acostumbrado al rigor y las privaciones de la vida templaria, resista el terrible invierno polar en Isla Rey Jorge como soportó los crudos inviernos en la ermita de la Aquiana.

ValentínCarrera, Isla Rey Jorge

Mario

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