Una gaita gallega en el Réquiem de Mozart

En abril de 1844 Enrique Gil emprende su conocido viaje a Berlín: “Va sin prisas”, dice Picoche y aunque ya está muy enfermo –en su Diario anota fiebre y vómitos–, nunca pierde el sentido del humor: se ríe de todo y de sí mismo. Antes de partir, el nuevo diplomático se despide de la redacción de El Laberinto, que le dedica un cariñoso elogio, y Gil acuerda con su director, Antonio Flores, enviarle algunas crónicas, pero se distrae y no envía el primer artículo hasta que llega a París el 10 de julio que, en ausencia de fax o mail, El Laberinto publica un mes después, el 16 de agosto.

Tras dar varias razones del retraso, avatares del viaje, Gil dice a Flores: “Si no se da usted por satisfecho, como lo veo muy posible, no crea por eso que me considero vencido, pues aún tengo una razón muy buena y más poderosa que todas, a saber: la pereza”.

El poeta viaja en diligencia, en vapor por el Saona o en el novedoso “camino de hierro”; visita Marsella, Avignon, Lyon, Fontainebleau… París. A orillas del Saona ve unas robustas campesinas francesas: “Dios nos tenga de su mano, pues ora provenga de que las faenas más duras de la labranza alteren sus formas, ora de que la raza sea de suyo pesada y poco airosa, ora, en fin, de aquellas sayas descomunales que atan por debajo de los brazos mismos y las hacen parecer niños empañados, el resultado es que la sensación que producen en un español maldita la cosa tiene de agradable”.

De Francia, a Gil le gusta el paisaje, las ciudades, el arte… todo menos los franceses y no desaprovecha ocasión de expresar su tirria: “Ya me tiene usted en la capital del mundo civilizado [París], como la llaman estas buenas gentes con su acostumbrada y encantadora modestia”. Casi lo único que le interesa del palacio de Fontainebleau es el manuscrito con la abdicación de Napoleón, y al hablar de Versalles dispara con sorna: “Los ojos acostumbrados a la franca y gallarda escuela española, encuentran infinitas cosas que desentonan y chillan más que una gaita gallega en el Réquiem de Mozart”.

Y hace mutis con una despedida cómica que si a Gil le valía, a nosotros también: “Ahora sólo me resta concluir, como nuestros poetas cómicos del siglo XVII, pidiendo perdón al público de los yerros, y a usted del tiempo que le ha quitado su atento servidor y buen amigo”.

Ilustraciones: Manuscrito de la abdicación de Napoleón que llama la atención de Gil en Fontainebleau.
Abdicación de Napoleón, grabado de época.

Enlaces wiki románticos:
Información sobre Biblioteca Gil y Carrasco
También en: eBooksBierzo
A la venta en las principales librerías. Distribuye: Latorre Literaria

 

{module ANUNCIOS GOOGLE PIE}

 

Mario

Compartir
Publicado por
Mario

Entradas recientes

Abierto el plazo de inscripción en Bembibre para el VIII Concurso de Cocina 2026 de Bibliobuses y Bibliotecas Municipales

La Biblioteca Pública Municipal de Bembibre mantiene abierto el plazo de inscripción para participar en…

9 horas hace

Cómo funcionan realmente los bonos de casino online en Golisimo Casino

Los bonos de casino online suelen parecer simples a primera vista, pero su valor real…

2 días hace

El Atlético Bembibre regresa con un punto de Mojados en una semana muy exigente

El Atlético Bembibre regresó de Mojados con un empate sin goles en el duelo aplazado…

2 días hace

Sigifredo Benavides presenta en Bembibre su primera novela, “El escondite del Carbachón”

La Casa de las Culturas de Bembibre acoge este jueves 5 de marzo, a las…

2 días hace

El Botillo Internacional de Bembibre llega al plató de La Revuelta

Un gesto tan simple como efectivo (un botillo del Bierzo envasado al vacío volando hacia…

2 días hace