Eduardo Keudell combina ensayo y novela para dar forma a ‘Nostalgia de la materia’

Eduardo Keudell presentó en Bembibre su último libro ‘Nostalgia de la materia’, un ensayo novelado que pretende evitar el formato estricto del género literario del ensayo con una estructura de novela para hacer más fácil la lectura.

Con este objetivo fue creada la quinta obra del escritor argentino afincado en Viñales, que ha recibido una muy buena acogida por público y crítica y que ha sido presentada en Bembibre, pendiente de recorrer otras ciudades españolas y argentinas en los próximos meses.

La introducción corrió por cuenta de la alcaldesa de Bembibre, Silvia Cao, y la concejala de Cultura, Belén Martín, quienes destacaron la importancia de mantener un programa cultural que apueste por las presentaciones literarias.

Precisamente, ésta ha sido la primera presentación en este nuevo mandato con un autor que, recordó Martín, tiene a sus espaldas una larga trayectoria literaria con cinco publicaciones (hubo un paréntesis de 18 años por obligaciones laborales) y su vínculo con la agencia literaria Carmen Balcells (representante de autores como García Márquez, Pablo Neruda o Mario Vargas Llosa, entre otros reputados escritores hispanoamericanos).

La Universidad de León se interesó por la novela del escritor en un programa pionero de promoción literaria con la publicación de obras que, es preceptivo, “revistan el suficiente interés científico, artístico, cultural o didáctico para su publicación”.

En el acto -al que acudieron numerosas personas para conocer los detalles y la obra del escritor, alumnos del seminario de escritura y comunicación, autoridades locales encabezadas por la alcaldesa, Silvia Cao, el presidente del Consejo Comarcal del Bierzo, Gerardo Álvarez Courel, o el director de cine y alcalde de Torre del Bierzo, entre otros muchos-, el escritor estuvo arropado por Nidia Beltramo y José Luis Rodríguez.

Ambos, alumnos del seminario que imparte Keudell en Bembibre, destacaron la calidad de la obra que acaba de ver la luz con un extenso análisis de su obra que no dejó indiferente al numeroso público que se dio cita en la Casa de las Culturas.

En la presentación, Beltramo no sólo hizo una valoración personal de la obra literaria sino que aprovechó para leer de viva voz el primer capítulo incluyendo un análisis que invita a su lectura completa.

Para acompañar a esta noticia, reproducimos a continuación el texto de una de las intervenciones, la de José Luis Rodríguez, sobre ‘Nostalgia de la materia’ y su autor, Eduardo Keudell.

 

            Estoy contento de estar aquí en compañía de todos vosotros, porque hay un gran número de amigas y amigos y es una coartada estupenda para compartir un rato de charla y unas cañas, pero sobre todo por el motivo que nos reúne: La presentación del libro de Eduardo Keudell, que es para mí un gran honor y una gran satisfacción. Pero por primera vez me veo en estas lides: estar a este lado de la mesa, ¡con lo cómodo que está uno sentado entre el público, asistiendo desde el anonimato! Por ello, para sentirme más seguro y no entrar en divagaciones u omisiones, he escrito lo que quiero deciros.

            Al igual que mi compañera de presentación, Nidia, conocí a Eduardo Keudell en el Seminario de literatura y comunicación que impartió aquí en Bembibre, al que creo que llegué por causalidad, que no por casualidad, de la mano de mi gran amiga y compañera en el aprendizaje del oficio de escribir, Elba, que me puso sobre aviso y hasta me inscribió en el mismo. En la presentación del seminario, en la exposición de más de dos horas que realizó, ya me deslumbró y desde entonces es y será siempre un guía, un magnífico faro para orientarse en el maremágnum de la realidad en la que estamos inmersos y en el océano infinito de la literatura.

            Eduardo me cautivó aquel primer día y en todos los siguientes, con una auténtica catarata de información seleccionada, que desgranaba ante nosotros, con su aire a veces como un poco despistado, perdido en brevísimos silencios, que no son otra cosa que esos segundos que dedica a hurgar en sus archivos mentales y me atrevería a decir emocionales, repletos de ideas y conocimientos vastísimos, buscando la palabra precisa, la idea exacta para comunicar a quien le escucha, para que se entienda el sentido de lo que él quiere transmitir, y si es necesario se apoya en un ejemplo práctico, planteado en ese mismo momento, con la facilidad de quién domina profundamente cuestiones muy complicadas, para que todos podamos entenderlas.

            Para mí, y seguramente coincido en esto con muchos de los aquí presentes, Eduardo Keudell es un sabio, un maestro, que se mueve ente nosotros, nos habla y explica de forma concentrada, pausado, repitiendo conceptos básicos una y otra vez, no sin ir avanzando en la materia de forma progresiva, buscando que una serie de ideas esenciales calen en nosotros como una lluvia fina, hasta empaparnos con las cuestiones fundamentales que integran su pensamiento, acumuladas en sus más de cuarenta años de estudio y experiencia como lector, pensador, docente y escritor, facilitándonos así extraordinariamente el camino para armar nuestro propio pensamiento y la adquisición de herramientas para el ejercicio crítico intelectual y la práctica de la lectura y la escritura.

            Así hemos aprendido con él, o mejor dicho continuamos aprendiendo, la importancia de escribir un texto de manera que se entienda el sentido de nuestras palabras y a tratar al lector con amor y la máxima consideración. Esto lo ha conseguido, una vez más, en el libro que ahora presentamos y que he leído, como espero que hagáis todos vosotros, con deleite, comprendiendo perfectamente la diferencia entre escribir y ser escritor. Yo me encuentro en la primera categoría: escribo, pero intento alcanzar la segunda, ser escritor, y modelos como este libro y su autor me resultan de una ayuda inapreciable. De la lectura de su novela, no sales indemne. Quedas infectado por el virus de la curiosidad intelectual, repleto de estímulos y enriquecido, no sólo en el ámbito de los conocimientos profesionales, sino también en el no menos importante de lo personal y afectivo que aporta el autor.

            Pero, en definitiva, aquí hemos venido a hablar de su libro, aunque en realidad hablar de su libro es hablar de su autor, porque en él están vertidos sus amplios y valiosos saberes, su pensamiento crítico, sus autores de referencia: escritores, filósofos, psicoanalistas, sociólogos y lingüistas, además de artistas de la música, la pintura o la escultura. Todo ello está plasmado de manera sencilla, no exenta esta sencillez de un rico vocabulario, y de forma novelada, que resulta muy amena, con el desarrollo de una magnífica trama, que te atrapa desde el primer momento sin soltarte hasta el final, claro qué, no es una novela para leer con rapidez, sino degustando cada capítulo, como si de poesía se tratase y saborearas un poema, dos o a lo sumo tres cada día.

            El libro es breve pero dotado de una gran densidad, en la que te sumerges disfrutando en cada una de sus páginas de guiños literarios con  referencias a autores y obras, de sólidas ideas, de vocabulario, de retazos de prosa poética e imágenes de gran belleza, de reflexiones y de crítica de la realidad, salpicado continuamente del fino humor que proporciona una mirada irónica de gran sutileza, y sustentado en unos personajes sólidos, bien dibujados, llenos de matices, que se mueven en una trama dotada de intriga, descubrimientos y  viajes, integrados en el paisaje de los lugares que recorren en el desarrollo de la acción. Está narrado con una técnica exquisita por distintas voces que se van intercalando, introducidas por el autor con gran maestría y agilidad.

            Esta densidad, este riquísimo conjunto de elementos está muy bien estructurado y escrito con profundidad y rigor, pero a la vez con una gran claridad, y por el celo de su autor en la precisión del lenguaje, te obliga a consultar de vez en cuando el diccionario, lo cual aumento nuestro vocabulario con nuevas palabras. Y sin duda, está claridad es fruto de la máxima consideración hacía el lector, con la que se despliega la escritura en cada una de sus páginas, para hacerlo del todo comprensible.

            Y tengo por fuerza que hacer mención aparte, de los títulos de los capítulos. Cada uno de ellos es como un chispazo de pura literatura, y podría ser en sí mismo una especie de micro relato. De igual forma, el propio título de la obra:Nostalgia de la materia, me parece un acierto excepcional, a la altura de algunos otros títulos clásicos de la literatura, que, en palabras del autor de este libro, trascenderán durante milenios.

            Os animo pues a leer esta novela. Si habéis escuchado alguna vez a Eduardo en cualquiera de sus clases, disfrutaréis con la complicidad de reconocer a los autores, obras e ideas que pone en boca de los protagonistas de la historia, y si no lo habéis escuchado y no conocéis esas referencias, os incitará a descubrirlas, y eso, os lo aseguro, será también un gran placer. Y mientras estéis leyendo, pronosticó que os hará sonreír casi de forma permanente y, en muchos momentos, como es mi caso, reír a carcajadas, por la ironía destilada, aunque se traten cuestiones serias y trascendentes, pero, qué sería de nosotros sin el humor y el inmenso poder de la risa, que indudablemente junto con la imaginación, nos libera y sana de lo que somos y padecemos, y en este sentido, me apasiona la forma en que finaliza la novela.

            En el seminario, Eduardo nos facilitó una lista básica de libros, que podrían servirnos de modelos, de esos que, según su sabio y práctico consejo, cuando estás bloqueado escribiendo, los abres y te inspiran. Yo había incorporado a esa lista El Sino, su libro de relatos, que llevo conmigo en mi carpeta de trabajos literarios. Ahora me veo obligado a añadir Nostalgia de la materia, que tiene también la virtud de ser breve, condensado, iluminador y salvífico.

            Pero, al fin y al cabo, con todas estas palabras dichas para presentar el libro y animar de forma enardecida a su lectura, no puedo superar el calificativo que le dedicó Care Santos, escritora y crítica literaria de gran valía, en una frase que lo resume todo, al realizar en El Cultural el comentario del Sino, concluyó: “Este libro sólo hace concesiones a la literatura de verdad.” Suscribo totalmente esas palabras para la novela que hoy presentamos, y añado con total convencimiento que además de a la literatura de verdad, sólo hace concesiones a un pensamiento crítico propio, y en esto es irreductible.

                                     José Luis Rodríguez

 


(Foto: Edmundo)

 

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