En la “Hoja del Lunes” de Lugo, -en mil novecientos setenta y nueve, los lunes, en Lugo, no se publicaba EL PROGRESO, pero, sí, un periódico editado por la Asociación de la Prensa, llamado HOJA DEL LUNES– del día 1 de octubre de mil novecientos setenta y nueve escribía yo en un artículo titulado LUGO: ENCRUCIJADA GASTRONOMICA: DE LA MAR MAS BRAVA AL LLANO MÁS VERDE lo que sigue: “ Parece ser -y así consta en los libros- que a don Domingo Vázquez le gustaba la cocina y llegó a Jefe de Restaurante
“Don Domingo -a quien Dios haya en su seno- escribió, basado en su propia experiencia, un libro del que extraigo una receta: MERLUZA A LA GALLEGA: “Se echa en una cacerola, -escribe don Domingo- colocada sobre el fuego, dos decilitros de aceite y cuando esté bien caliente, se agrega cebolla, picada en trozos pequeños y se remueve hasta que comience a dorarse. Añadimos dos dientes de ajo, machacados, una cucharada de pimentón, perejil picado y patatas, cortadas en rajas. Se mezcla todo, se espolvorea con harina y se agrega agua en proporción, sal, pimienta y clavo y un ramito de hierbas aromáticas -orégano, romero y salvia- en un manojo y se deja cocer durante un cuarto de hora. Tan pronto como las patatas estén cocidas, se colocan en un plato de porcelana y, sobre las patatas, las rodajas de merluza y se introduce al horno. (Expertos aconsejan que cuando las patatas estén cocidas se debe colocar sobre ellas, la merluza. Se cubre todo con una tapadera y se pone sobre las brasas del fogón. Después, sí, se puede meter al horno. Así, entre dos fuegos, el guiso está perfecto).”
La vieira o venera vive en aguas profundas sobre bancos de arena muy limpia y a unos cien metros de profundidad. Es hermafrodita y maduran primero las gonadas masculinas y al ser típicas de las costas gallegas, los peregrinos las llevaban a sus lugares de origen como prueba de que habían llegado hasta el final del camino.
Yo, en más de una ocasión, pregunté cómo se preparaban y Alberto -el del MESON DE ALBERTO– me dijo: “Preparas una papilla a base de pan rallado, aceite virgen, frito, pimienta y sal. Cubres las vieiras con esta papilla y las metes al horno. Cuando estén bien doradas las rocías con limón y las sirves”. (Cunqueiro, sin embargo, afirma que él rebozaba las vieiras en harina de maíz, echaba mantequilla en la concha y las metía al horno).
Mi artículo terminaba -como no podía ser por menos- diciendo que en Lugo se comían las mejores vieiras del mundo y que hacían bueno aquel dicho de Alfredo Sánchez Carro :”… y, para comer, Lugo”.
Y es que era verdad.
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