Agradezco el respeto con el que replicó mi carta “Para que nieve”. Y no tendría discrepancia alguna si su carta se hubiera quedado en una exposición de qué es lo que induce a confusión a la gente, pero dice que mi línea argumental tiene fallos y, aún después de leerle con atención, no los veo.

Comienza diciendo que no es fallido decir que 7ºC es mucho frío para que nieve, pero apuesto a que, como hombre de ciencias que es y debe regirse por datos y no por impresiones, estaremos de acuerdo en que es absolutamente fallido a poco que lo considere. Aquí nunca hace mucho frío para que nieve (esa es mi línea argumental) y, de hecho, 7 grados es mucho “calor” para que nieve.

Si nos adentramos en los matices de la sensación térmica (que también se cuantifica, pero a título informativo más que físico), habría que matizar también que la sensación térmica no es la misma para unas personas que para otras y, para complicar aún más las cosas, no es la misma en una misma persona dependiendo de si está resfriada o no, o de detalles más volubles como el tiempo que lleve sin comer. En definitiva, si nos adentramos en el terreno de las sensaciones podríamos dar por válida casi cualquier afirmación que haga la gente (y no haríamos bien)… no falta quien dice percibir voces del más allá incluso. Pero para eso están las magnitudes físicas y por eso me refiero a la temperatura ambiente. Y sé que la nieve se genera en ambientes cuya temperatura puede no tener que ver con la que aquí abajo tenemos (no en vano graniza en verano), pero para que la nieve, que cae lentamente, nos llegue como nieve sí que se tienen que dar ciertas condiciones más abajo… y en lo que voy a decir sí admito poder estar ligeramente equivocado, pero yo que tengo la manía de fijarme bastante jamás he visto nevar con más de 4ºC de temperatura ambiente.

En resumen, me parece bien su intervención para indicar los detalles que pueden hacer que la gente se despiste con estas cosas, pero no para indicar que digo algo incorrecto cuando digo que no está bien eso de “hace mucho frío para que nieve” (por más que en ocasiones la temperatura aumente cuando va a nevar, dentro de ciertos límites); ni siquiera los, por ejemplo, -17´5ºC que es la temperatura mínima histórica de la ciudad de León son “mucho frío para que nieve”.

Se podrían añadir más matices a lo que usted expuso y a lo que yo he expuesto, pero nos pongamos como nos pongamos “nunca hace mucho frío para que nieve”.

Un saludo.

T. V. M.. Ingeniero Técnico Forestal

Mario

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