El arte de someter al tiempo

Caminar 426 metros, haciendo equilibrios sobre un cable de acero de apenas cinco centímetros, tendido a 455 metros de altura, sin la protección de un arnés o de una red de seguridad, más de 20 minutos, ¿resulta sencillo? Viendo al funambulista Nik Wallenda allá arriba pareciera que sí. ¿Y colocarse unas zapatillas de ballet y bailar sobre ellas como si fueses aire? Svetlena Zakharova hace que lo parezca. ¿A caso parece sencillo hacer saber a medio mundo, a través del cine, que el confitado más apreciado de la tierra, el «Marrón Glacé», que las grandes damas francesas del siglo pasado cogían de las bandejas con pinzas de ágata, expresión delicada del gusto exquisito que suponía su degustación, y que hoy se sigue vendiendo en París a precio de oro, tiene su alma en los sotos de castaños de Noceda del Bierzo? Gabriel Folgado ha logrado que en países de los cinco continentes lo sepan. ¿Cómo consiguen Nik Wallenda, Svetlena Zakharova y Gabriel Folgado hacer fácil lo difícil? Imagino que los tres saben que para dominar una disciplina es necesario, en primer lugar, amarla y después practicar, practicar y practicar. Ese es un denominador común en todas aquellas personas que son excepcionales en su quehacer, y Gabriel Folgado, Beli, lo es en la suya: el cine. Viendo su obra uno tiene la sensación de ser partícipe directo del tiempo que el celuloide presenta ante tus ojos, porque él sabe contar las cosas como un fluir natural, como la sucesión lógica y significativa de la vida, de los acontecimientos cotidianos y de los trascendentales, con su discurrir universal, como las estaciones del año. He ahí la gran dificultad hecha sencillez. Este director de cine sabe dominar el tiempo, convirtiéndolo en un surtidor de emociones que el espectador absorbe al instante por cada uno de los sentidos. Es el tiempo indeterminado el que es transformado y convertido en tiempo infinito por obra y arte de su labor de director-creador de cine. Beli lo logra, desde la confianza en sí mismo y sus posibilidades sin limitaciones, porque esa confianza sumada a su capacidad creadora hace de él un soñador de fantasías reales para los demás. Saber jugar con el tiempo hasta transformarlo en algo tangible a las emociones solo está al alcance de quienes saben hacer fácil lo complicado, incluso lo imposible, y Gabriel Folgado sabe hacerlo. Al fin y al cabo, ya lo dijo el maestro Merino: “Todo lo que existe está hecho de tiempo, desde las galaxias hasta las castañas, es sólo el ritmo lo que cambia”. El ritmo, hecho tiempo sometido en la obra de Beli.

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Mario

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