Escultor de la perfección

He aquí la magnificencia del cuerpo humano, llevado a los más altos cánones de perfección estética a través del esfuerzo y la constancia. He aquí el resultado del trabajo de un escultor que ha sabido modelarse a sí mismo, con certeros trazos de sabio pintor, combinando la espátula de la vida con el pincel del mérito. El resultado ha supuesto el máximo reconocimiento mundial al autor de tan magnífica obra: Domingo Uría. Sin duda no ha debido de ser fácil la empresa, porque la perfección supone para las personas que la pretenden una sobre-exigencia, y comporta muchas veces un sufrimiento que no todos están dispuestos a pagar, porque las metas y las expectativas que se marca el perfeccionista son casi siempre excesivas, y solamente unos pocos son capaces de superar la tenaz resistencia que les advierte de la imposibilidad de alcanzarlas. Ahí está el constante recordatorio de que quienes lo persiguen solo son simples humanos, con las sabidas limitaciones que la naturaleza les ha impuesto. Pero, Uría, cual Atlas mitológico, ha sabido subirse a las espaldas y cargar con el mundo de las reticencias, y también, cual Hércules, ha podido vencer el ciclo de los Doce Trabajos con su formidable fuerza, física e interior, con su coraje, su orgullo y un cierto candor (que no ha de faltar en todo hombre que acomete las más altas cotas de la exigencia personal), para convertir su cuerpo en uno de los espectáculos más bellos que existen en la naturaleza. Este es el producto de la excelencia del cuerpo humano. He aquí la perfección, pero… esta perfección no es en sí la meta pretendida por Domingo, porque tiene claro que es también un magnífico logro el haber dado correctamente los pasos hacia ella, y con ello ha disfrutado de las metas intermedias de esta andadura, del camino que le ha llevado a esta perfección, y ha sabido, como nadie, sentirse orgulloso por ello, incluso cuando lo que obtenía no era el resultado que esperaba; incluso cuando casi nadie, solamente sus seres más allegados, habrían de reconocerle la extraordinaria valía que había comportado su hazaña. He aquí la imagen que transmite la perfección del cuerpo, el éxito de la perseverancia, la mezcla exacta de la coreografía, casi imperceptible, de los músculos con la música de la sonrisa, que producen una impresión de belleza y seducción, y que se mide con el movimiento de la vida. Es la obra de Domingo Uría, que siempre ha comprendido que lo realmente difícil, y por tanto más satisfactorio al alcanzarlo, es buscar la perfección sabiendo ser tú mismo.

  (click en la imagen para ampliarla)

Mario

Compartir
Publicado por
Mario

Entradas recientes

El Bembibre H.C. se adjudica el IV Memorial José Luis García “Pin” tras superar al C.P. Mieres (5-1)

El Bembibre H.C. conquistó este fin de semana la cuarta edición del Memorial José Luis…

2 horas hace

Así eran las fiestas del Cristo de Bembibre en 1914: el programa completo de hace más de un siglo

Ahora que ya han pasado las Fiestas Patronales de Bembibre, no estaría de más echar…

11 horas hace

Albares, San Miguel de las Dueñas, Torre del Bierzo y Almázcara reciben ayudas para adquirir desfibriladores

Albares de la Ribera, San Miguel de las Dueñas, Torre del Bierzo y Almázcara figuran…

11 horas hace

El Benevivere acoge las actuaciones de Ronda Amigos del Bierzo y Teatro del Norte

El teatro Benevivere de Bembibre ofrecerá dos citas con la música coral y las artes…

13 horas hace

El PP de Torre del Bierzo saca pecho con el abastecimiento y depuración en Albares y Las Ventas

El Grupo Municipal Popular de Torre del Bierzo reivindica su trabajo de los últimos años…

14 horas hace

A CIENCIA CIERTA / La inteligencia artificial (IA) y San Pedro Castañero

En estos días en los medios de difusión se habla mucho de los peligros de…

14 horas hace