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Miguel Ángel Varela

 

20 años esenciales

El 1 de octubre de 1996, el escenario del Teatro Bergidum tomaba vida por primera vez. El público pudo ver sobre las tablas a Amancio Prada con su “Cántico espiritual”. La reina Sofía fue testigo de excepción. Tras las bambalinas, el joven director del teatro, Miguel Ángel Varela, disfrutaba y sufría a la par. También era su estreno como responsable del teatro. Era el garante de que todo saliera según lo previsto, según lo soñado, según lo acontecido tras los ensayos. Y la actuación de Prada fue sublime. Todo salió a pedir de boca: el público satisfecho, las críticas inmejorables y las palmaditas en la espalda al director fueron la prueba de que la apertura había sido un éxito. El Bergidum quedaba así oficialmente inaugurado. 20 años han pasado desde entonces. 20 años en los que el Bergidum y Varela, Varela y el Bergidum, han marcado el desarrollo de las artes escénicas y la vida cultural en Ponferrada y en el Bierzo. 20 años en los que, con esmero, tesón y buen hacer, Miguel, se ha venido ocupando y preocupando porque en el Teatro Bergidum, cada vez que se levanta el telón, el público asistente se empape de la dimensión escénica y mágica del teatro, de la música, de la danza… Más de 2.500 funciones ofrecidas. Dan cuenta de ello los más de 750.000 espectadores que han percibido la fantasía existente en la atmósfera del Bergidum. Esa real ilusión óptica y sonora que entra por todos los sentidos y que, previamente, ha sido disfrutada física y espiritualmente por la sensibilidad cultural de Miguel Ángel Varela. Porque hay que reconocer que la programación del Bergidum es el fruto de la pasión cultural de Miguel, puesta al servicio del agrado del público. Seguramente no toda esa programación se adapte a los gustos personales de Varela, pero Miguel sabe cómo darle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Él seguirá creando y disfrutando de todos los aspectos que tienen relación con la cultura de Ponferrada y del Bierzo, porque cultura y Bierzo no podrían entenderse sin la participación activa de un Miguel Ángel Varela comprometido con la esencia de su tierra y sus gentes, y porque hay muy pocas personas, que, como él, estén tan preocupadas porque la bandera de la cultura berciana se vea hondear en todo el Bierzo y al otro lado de sus fronteras. Estoy convencido de que Miguel estará de acuerdo con la intencionalidad que puso el hipnótico Vittorio Gassman al pronunciarse sobre el teatro: “El teatro no se hace para cantar las cosas, sino para cambiarlas”. ¿20 años del Bergidum habrán servido para cambiar algo, querido Miguel?

 

 

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