En el año de 1465, la comunidad judía de Plasencia vive momentos de gran incertidumbre ante el temor de una guerra civil en Castilla, entre los seguidores de Enrique IV y su supuesta hija Juana, la Beltraneja, y los nobles partidarios de Don Alonso, ya que entre estos figura Álvaro de Zúñiga, Conde de Plasencia, a quien los banqueros judíos financian.
A esa preocupación se suma la creada por la reciente canonización de Vicente Ferrer y el poder que la Orden de Predicadores adquiere con tal hecho y que pretende exteriorizar levantando un gran convento en Plasencia, para cuya construcción carece de los medios económicos necesarios, pretendiendo obtenerlos de Leonor de Pimentel, esposa del Conde de Zúñiga mediante la realización de un milagro atribuido a Vicente Ferrer.
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