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Fallece Eloy Gundín, el histórico montañero y relojero que marcó medio siglo de vida en Bembibre

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Bembibre y el mundo del montañismo de la provincia de León ha perdido hoy a una de sus figuras de referencia. Se trata de Eloy Gundín García, fundador y primer presidente de la Peña de Montañeros Gistredo de Bembibre, que ha fallecido este domingo, 4 de octubre a la edad de 77 años. Deja tras de sí más de medio siglo ligado a la montaña así como una trayectoria estrechamente vinculada a la vida social y comercial de Bembibre.

Durante décadas se convirtió en guía, divulgador y transmisor de una forma de entender la montaña basada en el conocimiento del territorio, el compañerismo y el respeto por el entorno, en la línea del premio que le entrego la XIII edición de la Gala del Deporte de Bembibre así como la Gala de los Deportes de Montaña de Castilla y León. Han sido muchos los montañeros del Bierzo Alto que encontraron en él a una de las personas que mejor conocían los caminos, cumbres y valles de la comarca y de buena parte de la Cordillera Cantábrica.

No en vano, la relojería que regentaba junto a su hermana Tere -Relojería Gundín- se convertía habitualmente en lugar de encuentro y charla más allá de cuestiones puramente relacionadas con la profesión.

Su nombre queda especialmente ligado a la Peña de Montañeros Gistredo, constituida oficialmente el 10 de octubre de 1970 en Bembibre (dentro de apenas unos días cumplirá 56 años de historia). Eloy Gundín asumió la primera presidencia de una entidad nacida de la inquietud de varios grupos de jóvenes que durante la década de los sesenta habían comenzado a recorrer las montañas del entorno.

Aquellas primeras excursiones por Peña del Hombre, las cuevas de Castropodame o el Pozo de las Hoyas fueron ampliando progresivamente el horizonte hasta alcanzar lugares como el Catoute, que terminaría convirtiéndose en una de las montañas más estrechamente asociadas a la historia del club y del propio Eloy.

Más de dos décadas al frente de Peña Gistredo

Gundín presidió Peña Gistredo en una primera etapa entre 1970 y 1980. Años después regresaría a la responsabilidad en diciembre de 1987, permaneciendo al frente de la entidad hasta noviembre de 2002.

En su conjunto, cerca de 25 años como presidente de uno de los clubes históricos del montañismo leonés, aunque su relación con la Peña nunca terminó con los cargos directivos.

Continuó participando en actividades, aconsejando rutas y transmitiendo sus conocimientos a nuevos socios y aficionados. Esa faceta de maestro de montaña se convirtió precisamente en uno de los rasgos que mejor definieron su trayectoria.

Puedes ver el artículo que dedicó Bembibre Digital con motivo del 50 aniversario de la Peña Gistredo.

Gundín conocía especialmente bien la Sierra de Gistredo, los Ancares, Picos de Europa y numerosos rincones de la Cordillera Cantábrica, además de haber desarrollado durante años actividades y recorridos por los Pirineos.

La revista especializada Pyrenaica llegó a referirse a él como una auténtica «enciclopedia humana» de la montaña (página 180 del doccumento), una definición que resume bien el papel que desempeñó durante décadas dentro del excursionismo berciano.

El Catoute y una tradición de más de medio siglo

Entre las historias inseparables de Peña Gistredo aparece la tradicional subida del belén al Catoute, una costumbre que comenzó precisamente en los primeros meses de vida del club.

En las Navidades de 1970 surgió la iniciativa de llevar un nacimiento hasta los 2.117 metros de altitud de una de las cumbres más emblemáticas del Bierzo Alto.

Eloy Gundín formó parte de la organización de aquella primera experiencia. Paradójicamente, quien había contribuido a poner en marcha la iniciativa no pudo realizar esa primera ascensión porque aquel día tenía que trabajar.

La tradición sobrevivió al paso de las décadas y terminó convirtiéndose en una de las citas más reconocibles del calendario montañero berciano. Año tras año, socios y aficionados han continuado subiendo hasta el Catoute en Navidad, enlazando a distintas generaciones con aquellos primeros montañeros que iniciaron la costumbre en 1970.

Décadas después, Gundín participaría en los actos de recuerdo y reconocimiento a quienes habían impulsado aquella iniciativa.

La montaña también como cultura

Además, su nombre también estuvo (y seguirá estando) ligado a la consolidación de la Semana de la Montaña de Bembibre, iniciada a finales de los años noventa y convertida con el paso del tiempo en una cita habitual para los aficionados al alpinismo, el senderismo y los deportes de naturaleza.

Por Bembibre han pasado a lo largo de sus diferentes ediciones destacados montañeros, escaladores, aventureros y especialistas que han acercado al público expediciones realizadas en algunos de los grandes macizos del planeta.

Eloy Gundín también dejó constancia escrita de ese conocimiento del territorio.

Entre sus trabajos figura «Pueblos abandonados de los valles de Boeza y Tremor», publicado en la revista Pyrenaica, en el que se adentraba en algunos de los núcleos despoblados, caminos y paisajes del Bierzo Alto.

El relojero que conocía las montañas del Bierzo

En Bembibre, la figura de Eloy Gundín también resulta inseparable de otra historia completamente distinta y, al mismo tiempo, profundamente ligada a la localidad.

Gundín fue relojero.

Perteneció a la tercera generación de la conocida Relojería Gundín, establecimiento familiar fundado en 1915 por su abuelo Julio Gundín.

Desde niño fue aprendiendo el oficio en el negocio de su padre, José. Las tardes después de la escuela transcurrían entre mecanismos, agujas, engranajes y relojes que esperaban reparación.

Con el tiempo acabó dedicándose profesionalmente al establecimiento junto a su hermana Tere.

La relojería permaneció abierta durante más de un siglo hasta que cerró sus puertas en 2024 por jubilación y falta de relevo generacional, poniendo fin a 108 años de historia comercial ligada a Bembibre.

Durante muchos años aquel establecimiento fue también, de alguna forma, parte de la vida cotidiana de Peña Gistredo. La relojería aparecía habitualmente como punto de contacto e inscripción para las excursiones del club.

Allí podían cruzarse las dos grandes pasiones profesionales y personales de Eloy Gundín: los relojes y la montaña.

¡Que la montaña te sea leve!

Fotos cedidas por Eduardo Olano

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