Relatos de una adoratriz, de Raquel Villanueva

No soy, ni pretendo ser, a estas alturas de la vida, crítico literario. La época en la que lo fui, ya pasó, pero, de cuando en vez, llegan a mi mesa de trabajo, libros como el que tengo en mis manos –RELATOS DE UNA ADORATRIZ– de la escritora ponferradina Raquel Villanueva Lorca, a la que, en un futuro no muy lejano, habrá que considerarla, si es que no la consideramos ahora, como una de las voces más sólidas de la literatura leonesa.

RELATOS DE UNA ADORATRIZ es un libro que contiene veintipocos relatos eróticos y al que Manuel Cuenya ha puesto un magnífico prólogo.

Raquel tiene en su haber otros libros que yo no he leído, pero que, a juzgar por este, debo leer porque estamos ante una importante escritora.

Uno de esos libro es LA DECISION DE ELSA, finalista en el añorado premio HONTANAR en su sexta edición y , otro, el Premio Fanes 2018, LA CRUZ DEL SUR.

RELATOS DE UNA ADORATRIZ, su tercer libro es, como escribe Manuel Cuenya, su obra más arriesgada e intimista. Se trata de una recopilación de relatos eróticos, casi todos escritos en primera persona que, de esta manera son más atractivos, si cabe, ya que parece que la autora narra pasajes de su vida.

Me han gustado muchas cosas de este libro, muchas frases como, por ejemplo, una que Raquel coloca en la introducción y que puede servirnos de guía para leer, con propiedad, los relatos:” En todo encuentro erótico hay un personaje invisible: la imaginación”. Es una frase del escritor Octavio Paz.

Nuestra autora ha bebido -dice el maestro Cuenya- las páginas de Anaïs Nin y de Henry Miller con gozo y ha quedado impregnada de erotismo, palabra, digo yo, que en Literatura siempre vende y, en esta ocasión, más.

Raquel -sigue escribiendo el prologuista- nos introduce en un universo sensorial: sabores, olores, sonidos, sensaciones táctiles y visuales e, incluso, sentirnos sus personajes.

Son veintitrés relatos -acoto yo- que el lector leerá apasionadamente. Es un buen libro para acompañarnos en estas noches estivales ya desde el primer relato: TE LLAMARÉ MIERCOLES.

Siento -debo decirlo- envidia, envidia sana, de Raquel ya que domina la palabra y la frase y sabe sostener el relato siempre condicionado al espacio físico . En tres o cuatro páginas hay presentación, nudo y desenlace, cosa difícil de lograr.

Sería fácil, en este tipo de relatos caer en la grosería. Raquel no lo hace aunque emplee, como es lógico, palabras que pudieran llevarla a ello: masturbación, braga, follar, justamente empleadas.

También en el lenguaje , a veces reiterativo, pero, por su reiteración, correctísimo:

El mensaje enviado a destiempo, llegó a tiempo”.

O la metáfora precisa y preciosa en la página 94 : El acantilado de sus ojos”.

“Un roce casual sin ninguna casualidad” (“Puente aéreo”)

“Aunque sepa, dentro de mí, que nada es mucho” (“Puente aéreo”)

“En el amor con Diego, en el sexo con Diego, todo lo que uno se imagina, puede existir: hasta Leo”.

Y podríamos continuar.

El libro está perfectamente editado por EDICIONES HADES en Novela Erótica con excelentes ilustraciones de Babel García Aubert.

Recomiendo el libro y concluyo con una frase que empleó Raquel para dedicármelo: “Es una bella casualidad…”.

Sí. Es una bella casualidad haber encontrado este libro y a esta autora.

Antonio Esteban

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