En donde se habla de las patatas a la japonesa

Hace cuarenta y tantos años en Cacabelos no había muchos Bancos -ni los había ni se necesitaban- y los pocos que había sobraban para las buenas gentes de la villa.

Estaba, eso sí, CAJA DE AHORROS y MONTE DE PIEDAD, que regalaba a sus clientes –y a quienes podían ser sus clientes- LA AGENDA DEL AMA DE CASA en la que se deseaba a quienes la leyesen trescientos sesenta y seis días llenos de paz y alegría.

 A quien esto escribe, le regalaron una de aquellas Agendas porque prometió abrir -aperturar, en lenguaje bancario- una cuenta, cosa que no hice y, por eso, hoy, en mi Biblioteca existe esa Agenda, encuadernada en cartoné a la que, de cuando en vez, echo u n vistazo porque es un libro -para revisar: biografías pequeñitas, -Virginia Wolf o Víctor Catalá- sencillas recetas culinarias, -potaje de pescado, arroz “risotto”, mero a la cántabra o patatas japonesas- refranes, -el agua habla sin cesar y no se repite- versos, -vuelvo a la vida con mi muerte al hombro abominando de cuanto he escrito- belleza -la aplicación de los productos en el rostro- publicidad -“AMA”, la revista de la mujer- o unos completos horóscopos -Escorpio- que me dice que poseo una naturaleza rica y rara vez me comprenden mis semejantes; que soy enérgico, voluntarioso y manejo la paradoja y la crítica. Me preocupan los problemas existenciales. Tengo una inteligencia superior y el psiconalisis es uno de mis campos preferidos. Amo el misterio y el esoterismo y lo desconocido y estudio las ciencias ocultas. (Únicamente resta por decir que me apasiona la literatura gastronómica).

Y como me apasiona la literatura gastronómica, de esta AGENDA, que presenta infinidad de platos para cada día del año -almuerzo: judías pintas con chorizo, salmonetes levantinos y tarta de chocolate o merluza con mahonesa, jamón al vino y piña- voy a enseñarles a preparar las patatas a la japonesa: coceremos las patatas enteras, en agua, por supuesto, con sal y las pelaremos cuando estén tiernas. Las patatas no deben ser harinosas y, mientras están cociéndose, prepararemos una salsa con cebolla y tomate que, cuando esté hecha pasaremos por el tamiz. Después, vaciaremos con cuidado las patatas y colocaremos dentro un huevo y las colocaremos en una fuente que meteremos al horno, recortando la base de la patata para que se mantenga en pie. Las regaremos con salsa abundante y dejaremos que se hagan. Las retiraremos cuando los huevos estén cuajados y las serviremos calientes.

No me pregunten por qué se les llama japonesas. No lo sé.

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