Magia y supersticiones en las minas del Bierzo

Dicen que los mineros son las únicas personas capaces de hablar con dios y con el diablo. Cuando están en la superficie, participan en ceremonias religiosas, eucaristías y ruegan por poner sus vidas a salvo jornada tras jornada; mientras que en el mundo subterráneo se cuidan de no enojar al “Tío”, como muchos de ellos llaman a Satanás. Por esta razón, es muy común encontrarse con cruces y altares en la entrada de las minas. Es una forma de pedir que cada uno se quede en su lugar: dios en el cielo, y el diablo en los infiernos.

Supersticiosos y firmes creyentes en la magia, los mineros y los jugadores de poker comparten una fe ciega en los rituales, las ceremonias y la suerte para salvar sus vidas en un derrumbamiento o lograr ese golpe de fortuna que les lleve al descubrimiento de una gran veta del codiciado mineral. El azar reparte las cartas, pero nosotros las jugamos.

Que las mujeres hayan tenido prohibido entrar en las minas durante siglos no es motivo para que la patrona de la minería sea una mujer. Una ancestral superstición teme que el paso de una mujer dentro de una excavación provoque un hundimiento. Es el diablo, quien atraído por la nueva visitante y con ganas de poseerla, hace temblar los cimientos de la tierra. Solo podían hacerlo el 4 de diciembre, el Día de Santa Bárbara, patrona de los mineros. Esta santa, relacionada con las tormentas y la dinamita, es venerada en toda la cuenca minera de Asturias y de Castilla y León. Todos los años, los trabajadores celebran misas en su nombre y entonan el “Santa Bárbara bendita”, un himno muy popular en el sector que narra la muerte y los entierros de cuatro compañeros en el pozo de María Luisa.

Santa Bárbara también se usa para denominar el compartimento de los barcos que se usa para almacenar los explosivos, y en 1989 la Junta de Castilla y León decidió constituir la Fundación Santa Bárbara, la cual está adscrita a la Dirección General de Energía y Minas y tiene como objetivo la promoción de actividades culturales, científicas y técnicas encaminadas a promocionar este sector en la región.

A pesar de rendir ofrendas a una patrona, la estigmatización de la mujer en el mundo de la minería ha sido una constante durante muchos siglos. Su acceso al interior de los yacimientos estuvo prohibido hasta el siglo XX, y normalmente su trabajo se reducía a lavar y transportar el mineral en la superficie, percibiendo por ello la mitad del salario que los hombres. En diciembre de 1992, una sentencia del Tribunal Constitucional en España reconocía el derecho de cuatro mujeres a acceder a sus puestos de trabajo en el interior de los yacimientos de la empresa estatal minera Hunosa. Desde entonces, muchas mujeres empezaron a incorporarse formalmente al sector minero, algunas de ellas como ingenieras o geólogas, aunque en la actualidad solo representan menos del 10% de una fuerza laboral venida a menos por el paulatino cierre de las minas y plantas de carbón en España.

Otras leyendas de la región del Bierzo cuentan historias de seres mitológicos, como los mouros. Son unos gigantes que habitan en galerías, cuevas y grutas donde guardan grandes tesoros horadados a las minas de oro de las Médulas, una zona reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997 por su valor paisajístico y que durante el Imperio Romano fue uno de los centros de producción de oro más importantes del mundo antiguo.

Cuenta la tradición que los mouros se comunicaban bajo tierra mediante túneles y que rara vez salían a la superficie. Eran habilidosos orfebres y entre sus riquezas destacaban la talla de animales de oro, como cabras y mulas, similares al becerro de oro que aparece en la Biblia o al vellocino de oro que buscan los héroes griegos Jasón y los Argonautas en su travesía por Asia.

El duende Xardón, una criatura aventurera y descarada; la joven y bella berciana Caricia, cuyas lágrimas por su trágica muerte a manos del pretor romano Tito Carisio formaron el lago de Carucedo; o la Sierpe Rupiana, una legendaria serpiente del valle del Oza (Ponferrada) que se comía el ganado, forman también parte de este imaginario popular.

 

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